miércoles, 16 de noviembre de 2022

Ámbitos, exposición individual de Gladis Méndez Mulet, del 25 de noviembre de 2022 al 20 de enero de 2023





Texto curatorial


Sobre los cuerpos y las formas acerca de la potencia de la producción artística queda en claro que nada al parecer puede escapar del ejercitarse. La práctica constante, además de sencilla por tratarse de laboratorios compuestos por triunfos mínimos, constituye la fórmula con la cual el arte suele producir la noción de creación. Los ejercicios intencionados o como consecutivas repeticiones sin propósito alguno, se convierten desde el hacer del arte en dinámicas que van de lo indeterminado a lo determinado con la intención de dilucidar efectos de transparencia.

El arte aspira a la claridad, parafraseando a Wittgenstein, imprimir en su hacer el orden ético de la transparencia como fin en sí mismo a partir del impulso de la ejercitación de manera consciente y de esta manera aceptarla como forma de vida, ya que el hacer del arte solo se alcanza realizando arte. En dicha búsqueda de la claridad a través de la ejercitación artística, se producen ascesis que nos hablan de idiolectos generados por la fragmentación, como si cada parte de nuestro cuerpo fragmentado necesitara contarnos su propia historia.

La respuesta a las narrativas de la mano, que es la parte del cuerpo fragmentado donde mejor ubico el trabajo con el barro, refleja un micro continente de posibilidades en la creación; es un mundo determinado por la ascesis como capacidad convocante y sugerente de la transformación por efecto de la conjugación de fuerza, movimiento, destreza y agudeza conceptual. Las historias de la mano adquieren sustento y sentido cuando deciden intervenir con la masa plástica de la materia al crear antologías configuradoras, máxime cuando la materia de extracción intelectual condensa la tierra como elemento primigenio.

Trabajar con tierra es similar a crear islas porque el artista del barro juega con las asimetrías entre contingencia continental (obra) y agencia creadora en emergencia (sistema). Lo que ocurre con el arte cerámico es que su capacidad de aislamiento insular proviene de la actividad ontológica de enervamiento conectado con atractores atemporales de cada ejercitante.

La obra cerámica de Gladis Méndez responde a atractores verticales interconectados con la esencia de formas pre-personales capaces de traducir referencias simbólicas con afectaciones de cargas subjetivas, donde la imagen del animal remite a un uso de antes y después de la catástrofe, no como vestigio consecuencia, sino como hálito de nuevas conversaciones de la forma con contextos referenciados a las crisis socio-históricas del río, la contaminación , la imagen nostálgica de origen y las nuevas fascinaciones por lo siniestro en lo grandilocuente.

La claridad de su propuesta artística pretende construir un escenario seguro, así como propio, desde donde mirar la situación de contemporaneidad (tiempo respuesta), pero también contemporaneidad del medio escultórico que quiere poder querer desde la trascendencia del orden artesanal hacia un lenguaje performativo. Los peces misteriosamente son devueltos en sus instalaciones al estatus de íconos en desarrollo producto de ciertas nostalgias del Río Magdalena a su paso por Barrancabermeja,  ciudad natal de la artista, transformados en capacidad convocante de lecturas donde tiene cabida todo tipo de analogías que van desde la felicidad de la subienda al desgaste concentrado de la realidad locutiva.


Oscar Salamanca

Curador