sábado, 14 de noviembre de 2020

Abismo civilidad, exposición individual de Adrián Estrada Mejía. Muro Líquido Biblioteca Jorge Roa Martínez, U.T.P. Del 19 de noviembre al 19 de diciembre 2020


Caer hacia adelante significa en el lenguaje de la cultura y el arte de hoy dos cosas, a saber, una inminente inmersión con anclajes auto ejercitantes y aperturas en muchos sentidos.

Con las inmersiones, los humanos tan dispuestos a vivir en la superficie, nos extrañamos ante la invitación a realizar viajes en búsquedas con resorte estresante frente a la pregunta de ¿quién soy yo? Se procuran muchas inmersiones aún con la sospecha por la subjetividad, esa subjetividad cuyo fin último ha de ser su propia objetivación. El problema de la inmersión hacia los territorios dendríticos del atascamiento es que no se procura una guía de retorno, ese anhelado volver sobre seguro, simplemente porque el arte de hoy responde al “ir hacia adelante” anclado en la noción de reacción.

Cuesta un poco observar que las prácticas artísticas de la reacción ofrezcan a quién se aventura a la inmersión, del ir hacia adelante, únicamente la continuidad por la mirada baja, o mejor, en bajada donde la imagen potente derivada sea la de la montaña rusa. Es así que lo contemporáneo por querer mirarse hacia adentro como el ir hacia adelante produce vértigo ante constantes caídas absolutas, refleja que hoy, pasados varios siglos, sigue cobrando sentido la frase de Napoleón Bonaparte  “se inicia, luego se verá”. Los artistas del ir hacia adelante y por lo tanto del ir hacia abajo, se han convertido en iniciadores que resuelven el problema de la creación en el camino, durante el proceso, en ese “se verá”, donde la fortuna y la suerte de lo incierto participa en su propia condición del ser arrojado, clave de ejercitación antigua propia de la prueba y del error.

Precisamente sobre la base de los símbolos es que operan las aperturas razonables de quienes los usan, ya que los símbolos excluyen a aquellos que no saben explotarlos. Sobre dicha base simbólica el ir hacia adelante produce aperturas basadas principalmente en inseguridades desde las cuales el arte se empodera como el resultado de una competencia artística en pro de sanar atascamientos, ubicar conflictos, realizar eyecciones, impulsar con lo abyecto aquella impureza de lo que sale. El arte de hoy se comporta con premisas de memorias inmediatas del hacer del siglo pasado, un siglo XX fundado en la idea de la reparación, que, al fin de cuentas, quiere significar un sentido ampliado de revisionismo frente a la idea de progreso tristemente heredada del siglo XIX que hoy tanto daño hace, puesto que ir hacia adelante como idea política del progreso no es sino grados de ángulos de inclinación. Por este motivo, muchas de las obras de arte que tocan situaciones o hacen rodeos circunstanciales, dependen de la toma de consciencia sobre los aprietos de la existencia.

Las obras de Adrián Estrada al parecer se ubican en la dirección correcta por querer ir hacia adelante con el vértigo de la caída. Por lo tanto, se podría decir que es un arte ferial, un arte de reacción siempre, cuyo propósito consiste en producir aperturas, no sólo para su visión inclinada en ángulos, muchas veces virulentos en niveles de torción políticos, sino compartidos por identidades narrativas homoeróticas como efecto de posicionamiento generacional a partir de la fuerza de ensoñación.

Existe una diferencia fundamental entre un arte ferial y un arte hecho para la feria, pues un arte ferial alude al grito, a ese chillido producido por artistas que viajan en máquinas cuyo fin consiste en procurar a sus usuarios experiencias de inmersión. Como viajeros de sí mismos montados en los rieles de su propia montaña rusa hacia adelante y hacia abajo, pero también hacia adentro, revisan panorámicas, imágenes de exclamación, gritos, señales que por sus efectos traducen el sentimiento de remoción. Un arte hecho para la feria, es solo moda al servicio del capital, cuyo fin consiste en ampliar lanzamientos de más fraudes, más desatinos, más ofertas, más disposición a los públicos de los que el mismo campo cultural pueda absorber.

 La diferencia entre ambos mundos se encuentra en la redistribución del alarido y de la selfie, donde, por supuesto, conviene de sobremanera expiar el grito antes que entregarse a la decoración. Aquellos gritos de emoción vertical producidos por nuestra maquinaria de autoproducción artística conocidos por todos como expresión dominable son quizá, lo que más se acerca a lo posmoderno, si entendemos por posmodernidad una época dedicada a reparar heridas abiertas de las intuiciones otrora rotas, pero según las podemos estudiar en la obra de Estrada, surgen a través de dinámicas fuentes de civilidad.


Oscar Salamanca




Obras



Abismo, pintura digital, 2020







Alicia y el conejo, pintura digital, 2020







Arcano # 10 La rueda de la fortuna, Pintura digital, 2020







Calle conejo # 2, pintura digital, 2020





Calle conejo, Grafito y tinta sobre papel, 2020







La reflexión, Pintura digital, 2020








Amores y patrones, marcadores, tintas, acuarelas y montaje digital, 2019






Cupidoroboros, Grafito, acuarelas y tinta sobre papel, 2019







Arcano # 6 El enamorado (acuarleas y tinta sobre papel), 2019






Cruising (35 x 25 cm), acuarela sobre papel, 2019






El abdusido (20 x 19 cm), mixta sobre papel, 2019







Mi vecino cacorro (35 x 25 cm), mixta sobre papel, 2019







Arcano # 12 El colgado (acuarelas y tinta sobre papel), 2019








Arcano # 21 El mundo (acuarelas y tinta sobre papel), 2019







Arcano 13- el abismo, Gif




Conejo corazón- Gif






Cupido en flor - Gif






El zorro- Gif








El lobo - Gif






Estado gaseoso - Gif







Los ojos son - Gif







Mi vecino cacorro y otros polvos prohibidos - Gif








Tarot mundano - Gif








Adrián Estrada Mejía Licenciado en Artes Visuales de la Universidad Tecnológica de Pereira, Tecnólogo en diseño de producto, Ilustrador y profesor. He participado en diversos proyectos de ilustración y muralismo en la ciudad de Medellín; y en diferentes exposiciones de arte e ilustración en Medellín, Pereira, Bogotá y Barcelona.

 

Como artista e ilustrador pretendo crear imágenes que evoquen la vida cotidiana, no solo como un mecanismo de autorreflexión, sino como una forma de comunicar y visibilizar momentos, acontecimientos, sentimientos y emociones. Indago constantemente temas como, lo esotérico, el amor y el sexo. para generar propuestas artísticas con un sentido provocador, crítico y reflexivo. Me apropio de estos conceptos para crear mis propias imágenes y contar otras historias.





































viernes, 16 de octubre de 2020

"Naturaleza en ruina" exposición individual de Mauricio Suárez. Del 20 de octubre al 18 de noviembre de 2020

 






Es bien sabido que la modernidad consiste en un proceso de decepción por los ideales heredados, donde por lo general la historia como forma de pensamiento político y antropológico se revalida a sí misma.

En ese orden de ideas, el arte como un programa subsecuente y alineado en figuras estables de construcción sucesivas, va dejando paso al juego de la incertidumbre, tanto, que la sensación es que ya no tenemos una historia del arte, ciencia teleológica de un pensamiento por lo bello traumático, sino que en su lugar aparece un estar por fuera del tener herencia o estar por fuera de la herencia con otras muy diferentes categorías de belleza.

El arte de hoy consiste en admitir que nos encontramos en una permanente ambivalencia resultado de un experimento donde lo que puede venir tiene forma de monstruo o fin de las cosas. Ese monstruo no es más que la perplejidad, quedar asombrados ante un estado de shock. Por ello muchas formulaciones artísticas se resisten a lo contemporáneo, pues simplemente temen a la inconmensurabilidad de no saber con exactitud lo que deviene tras el momento de cambio.

Otras obras se inscriben en lo contemporáneo convertido en formula de usurpación gracias a la teoría crítica estética del siglo pasado centrada en la idea de lo carnavalesco. Tenemos como resultado un arte contemporáneo que expolia y usurpa basado en un corte de tajo, una nueva máquina del médico Joseph Ignace Guillotin dispuesta a separar cabezas de troncos con lo permanente.

De ese modo no queda nada, muy por el contrario, casi todo se encuentra en dirección de cambio, de innovación constante según el mediocre tecnócrata universitario porque intuimos que nuestro suelo conceptual, el cual solemos revisitar con la creatividad habla de nuevos comienzos preocupados por la desheredación y la reheredación. Fijémonos cómo el arte de hoy hereda condicionamientos simbólicos que ahora llamamos socialización con los cuales se identifica la pertenencia cultural y hasta una neurosis nervioso capital: Por ello es preferible la entropía a instrumentalizar el arte a partir de las ciencias sociales.

La obra de Mauricio Suarez Giraldo responde a lo ambivalente del arte de hoy, pues sus formas y cargas sensibles se pueden interpretar de dos maneras diferentes. Por un lado, consiste en una especie de herencia de situaciones en medio de espacialidades oníricas en extremo narrativas y por otro lado expone intenciones espaciales.

Veamos de qué manera lo onírico en sus dibujos-pinturas tiene que ver con explorar la condición del ser humano como el animal al que hay que explicarle la situación, porque en sus construcciones visuales remite a la ruina como un mundo convertido en estado de oscuridad y de allí, la narratividad del exilio y la expulsión. Martín Heidegger decía que hay que salir del bosque hacia el claro, quizá la explicación de la situación de hoy sea otra, habituar la habitación oscura del bosque sin otra pretensión de aceptar que somo dioses de prótesis, parafraseando a Sigmund Freud, dependientes de compensación de debilidades en el receptáculo de la cultura.

Ahora bien, el problema de la obra también toca el espacio porque el espacio se convierte en una materia ontológica viva en constante interacción con otros elementos. El espacio tal cual lo utiliza Suarez en sus trabajos tiene dos vertientes, a saber, el mental y el físico, esto si aplicamos las teorías de Henri Lefebvre cuando dice que el espacio en su totalidad mental, físico y social se aprende trágicamente.

Es mental el abordaje del espacio en Suarez cuando carga desde intenciones seudo-literarias el juego de atmósferas, simbiosis e intersecciones entre figuraciones y abstracciones, esto es lo que los pintores llamamos espacios de confluencias definidos principalmente por tensiones geométricas-matemáticas filosóficas. En dichos espacios de confluencia mental, por lo general aparecen las herencias espaciales de la perspectiva euclidiana, puestas en práctica a partir del siglo XVI hasta el siglo XIX, a partir de un lenguaje codificado de relación entre lo exterior y lo interior. En otras palabras, pensamiento racional clásico y evocaciones.

Es físico el espacio en el trabajo de Suarez cuando lo define como un lugar práctico-sensible de percepción de la naturaleza, si entendemos por naturaleza un vacío colmado, un recipiente para diversas materias. La mencionada intención del espacio físico como un contenedor de diversa índole fáctica y espiritual se indaga como resultado fenomenológico que va nutriendo cada una de las capas pictóricas. Por ello la perdida de borde y compartimiento entre escenas, recolecciones de imágenes y alusiones de datos sensibles, ya que nos encontramos ante una pictoricidad fuertemente emocional, que muchos podrían inscribir en lo simbólico, pero que también representa una estrategia plástica del ser arrojado y encapsulado por novelescas situaciones del cotidiano.

Con todo, la propuesta plástica de Suarez plantea un continuo del lenguaje en negativo, porque presenta la ruina como ese nuevo contenedor naturaleza colmado en la presencia del no y la expulsión, lo cual no le hace falta razón, pues los seres humanos en relación con ana-arquitecturas y otras naturalezas, terminan por certificar que nuestra especie ha sido exiliada casi desde el mismo origen a partir de la noción del cambio constante, es decir expulsados hacia lo incierto.

 

PhD Oscar Salamanca

Curador

 


Ficha técnica de las obras:
 Mixta sobre papel (plumilla, tintas y cera)
 Formatos variables (15cm x 10cm) - (21cm x 14,8cm) 
2019- 2020










































































Mauricio Suárez Giraldo



(1984, Pereira, Risaralda), Egresado de la Licenciatura en Artes Visuales,  Universidad Tecnológica de Pereira donde ha participado en semilleros de investigación: 700Repart  y  Regionarte.  Además,   hace parte del colectivo El Garaje,  ganador de las becas para espacios independientes, Ministerio de Cultura de Colombia (2015). Sus últimas exposiciones individuales destacan  “ Los monumentos también mueren” Fundación universitaria del área andina (2018), "Museo Imaginario" Galeria Maga (2017),  'Diario e Imagen', UTP  (2013), ''Accesos Carnales” Sala de exposiciones Carlos Drews (2006). Ganador de las pasantías nacionales Ministerio de Cultura - Universidad Nacional de Colombia (2017) y la  Beca para espacios independientes,  (2015),  Beca de Creación, Proyecto Tésis, Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá (2014). Ha participado de exposiciones internacionales tales como: Catálogo de artistas MUVIPA 2016" Museo de Pachuca, “Encuentro de Grabadores Colombianos”, Casa de Cultura Matilde Zuñiga. Zinacantepec. Estado de México (2014) y “La vida desatenta”, Sala de exposiciones Mateo Inurria. Córdoba - España (2010). Actualmente vive y trabaja en Pereira.

Website: https://edermsg.wixsite.com/visualartist                                                                          

                                                 

 MauricioSuárezGiraldo // Visual Artist //edermsg@gmail.com // Pereira-Colombia