viernes, 27 de febrero de 2026

"Anomalías Hexagonal", exposición individual de Norman Alberto Botero Garcés en el Muro Líquido. Del 9 de marzo al 4 de abril de 2026




ANOMALÍAS HEXAGONAL

Un hexágono es un polígono con seis lados y seis vértices. Si todos sus lados y ángulos son iguales, se llama hexágono regular. Esta forma se encuentra comúnmente en la naturaleza, como en las colmenas de abejas y los copos de nieve, y es útil en campos como el diseño y la cartografía debido a su eficiencia espacial y su conexión con patrones circulares.

En filosofía, el término "hexágono" puede referirse al hexágono lógico, un modelo conceptual de las relaciones entre las proposiciones, extensiones del cuadrado de oposición aristotélico descubierto por Sesmat y Blanché. También puede aludir al hexágono de ideas o al pensamiento hexagonal, un marco de trabajo para la innovación que visualiza conceptos como hexágonos para explorar conexiones y fusiones.

En general, esta propuesta se trata de identificar lugares desde lo onírico y de ensueño, que por las características de su forma hexagonal retratan posibilidades de reinterpretación de un ambiente natural plural que en determinado momento se entrelaza con un paisaje urbano tosco, áspero que desarrolla un espacio geográfico determinado entre líneas y formas implícitas en la geometría cartesiana.

Los rasgos distintivos se mantienen a lo largo del tiempo. Esto no significa que sea una entidad inmutable: un paisaje natural está sujeto a continuas modificaciones, como consecuencia de las interacciones entre sus diversos componentes, lados y ángulos.

Es así como lo intervenido por el hombre reconforma un horizonte compuesto de lo poético y lo literal del fenómeno urbano, es en ese momento como se enclava en significado la exterioridad, lo natural es para el paisaje como lo creado por el hombre es a lo urbano o artificial.  Hablar, pues, de las formas de la exterioridad, es nombrar los poros por los que el ser y el pensamiento se derraman en el espacio de modo irrecuperable, sin posibilidad de rememoración o anticipación; y es, por ello que  nombrar también una otredad, una extrañeza, una anomalía que no puede ser asumida ni admitida en el interior o que, cuando lo es, destruye el interior hasta borrar la posibilidad misma de una distinción dentro fuera. Tal momento señala, desde siempre y para siempre, la hora inaugural del pensamiento pictórico de este proyecto.

 




Norman Alberto Botero Garcés






Maestro en Bellas Artes de la Universidad JORGE TADEO LOZANO. Especialista en arte de la Universidad de Antioquia y tres semestres de especialización en estética de la UNIVERSIDAD NACIONAL. Diplomado DOCENCIA VIRTUAL Politécnico De Colombia. Diplomado en docencia universitaria POLITÉCNICO JAIME ISAZA CADAVID Y UCN. Diplomado, HERRAMIENTAS DIGITALES PARA LA FORMACIÓN VIRTUAL, facultad de artes visuales, gestión humana, Fundación Universitaria Bellas Artes. Maestría en educación UCN (E C) Maestría en filosofía teórica y práctica con especialidad historia de la filosofía y pensamiento contemporáneo UNED Esp (E C). Veinte años de experiencia en áreas como historia del arte, teoría del arte, estética, pintura, escultura, dibujo, instalación, Gestión cultural, museología y museografía. Experiencia en desarrollo de proyectos, curaduría, capacitaciones, ejecución de talleres y trabajo terapéutico para población con discapacidad. Experiencia con asignaturas de transmedia e hipermedia, Comunicación Audiovisual, al igual que expresión, diseño y creación visual, gráfico y de vestuario. Equipo Interdisciplinario de creación curricular para pregrado “Diseño y desarrollo de producto U de A.







OBRAS

MEDIDAS VARIABLES

PIEZAS HEXAGONALES de 19 cms ancho x 11 cms cada lado y 14.5 ancho x 9cms cada lado mixta sobre lona plastica y lienzo

2025

















contactos

viernes, 9 de enero de 2026

"Vestigios" exposición individual de Beatriz Jiménez en el muro Líquido. 27 de enero al 6 de marzo de 2026




“Vestigios”


El arte no pide permiso para ser testimonio: simplemente lo es. Aun cuando nace del impulso íntimo, de la contemplación o del deseo estético, termina convirtiéndose en una memoria que desafía al olvido. Las obras, incluso las más silenciosas, resguardan la presencia de quienes el mundo intenta borrar; devuelven rostro a la sombra, nombre a la cifra, dignidad a aquello que la barbarie pretende reducir a escombro. En tiempos como estos, cuando Palestina arde bajo un cielo que parece no distinguir entre vida y ruina, el arte adquiere un filo político inevitable: es el gesto que se niega a aceptar que la tragedia sea normalidad; la voz que insiste en nombrar lo inaceptable, aun cuando otros callan o relativizan.

 Porque ante la violencia sistemática —sea estatal, militar o ideológica— toda creación se vuelve resistencia. El artista, enfrentado a la devastación, siente entonces un llamado moral: registrar aquello que duele, aquello que atraviesa y desgarra. No para embellecer el horror, sino para impedir que éste se convierta en paisaje. No para competir con la crudeza de la noticia, sino para superar su frialdad y recordar que cada cuerpo perdido fue un mundo.

No es un vestigio de un número, 30.000, 50.000, 67.000; que da cuenta del número de víctimas, cuya muerte anónima bajo los escombros, significa un doble asesinato, el físico y el de la memoria, Es el vestigio de vidas truncadas prematuramente. Es un rastro de la vida de quienes cayeron en medio de una guerra fratricida, como lo son todas las guerras sin importar los bandos en contienda; vestigios que dan cuenta de la pequeña Jalima quien caminaba con los zapatos que quedaron sobre el polvo; de Nour, la niña dulce que se cubría con el vestido que le fue quitado para atenderla; de Fátima, la infantil soñadora que dejó de recuerdo la chaqueta con la que iba hacia su escuela cuando la sorprendió la caída de una bomba; de Maryam, la bebe de brazos que estaba cubierta con la cobija de la que sólo quedaron los retazos, y tantos otras y otros a quienes debemos darles nombre para recuperar su dignidad, su condición humana.

Ellas no son estadísticas. Son pulsos cesados por decisiones políticas, por cálculos de poder, por la indiferencia internacional que convierte la injusticia en trámite diplomático. Frente a esa violencia estructural, el arte no puede ser neutral. Sería cómplice. El artista que mira y calla pierde su propia humanidad.

Por eso, cada obra que deja constancia de estas vidas es un acto de desobediencia al olvido. Es una acusación contra quienes permitieron la masacre, un lamento que busca romper la coraza de quienes se acostumbraron al dolor ajeno, un recordatorio de que la dignidad humana no puede ser negociada ni sacrificada en nombre de ninguna geopolítica.

El arte se convierte así en una forma de justicia: precaria, sí, pero imprescindible. Una justicia que no revive a nadie, pero que rescata del anonimato a quienes el mundo declaró prescindibles. Una justicia que devuelve a estas niñas —y a tantas otras y otros cuyos nombres desconocemos— el derecho elemental a ser recordados como seres únicos, no como márgenes de un conteo.





OBRAS






                                     



Título: Vestido para una despedida sin nombre

Dimensiones: 56 x 27 cm

Tela, alambre, papel










Título: Serie de biografías rotas

Dimensiones: 29 x 15,5 cm

Metal, óleo






     




Título: Serie de biografías rotas

Dimensiones: 29 x 15 cm

Metal, óleo















Título: Serie de biografías rotas

Dimensiones: 21cm diámetro

Metal, óleo














Título: Serie de biografías rotas

Dimensiones: 19.5 cm diámetro

Metal, óleo









Título: Serie de biografías rotas

Dimensiones: 19 cm diámetro

Metal, óleo










Título: Serie de biografías rotas

Dimensiones: 17 cm diámetro

Metal, óleo










Título: Permanencia

Dimensiones: 38 x 47 cm

Cartón, papel
















Título: Nakba

Dimensiones: 25 cm diámetro

Metal









Título: La conciencia es un lujo

Dimensiones: 86 x 48 cm

Tela, alambre, papel










Título: Infancia rota

Dimensiones: 36 x 33 x 8.5cm

Tela, alambre, papel









Título: Huellas del desarraigo

Dimensiones: 86 x 33 cm

Tela, alambre, papel












Título: El recuento no termina

Dimensiones: 79 x 40 x 20 cm

Aluminio, alambre, papel















Título:  Donde el cielo no es refugio

Dimensiones: 53,5 x 28x 20 cm

Tela, papel






Vista de la Exposición





































                                                   




Artista plástica con más de tres décadas de trayectoria, formada en la Universidad Nacional de Colombia con énfasis en pintura. Desde mi formación en Bellas Artes, he buscado integrar la investigación plástica con un compromiso social y educativo que atraviesa toda mi práctica. Mi obra articula procesos artísticos, conceptuales y pedagógicos vinculados al arte público, las instalaciones, los performances y los trabajos efímeros, muchos de ellos orientados a temas políticos y territoriales.

La participación en diversos salones incluido el XXXVII Salón Nacional de Artistas, donde recibí el Primer Premio como miembro del Grupo Nómada, “Ve con tus pasos” e “Instalación en espacio público” consolidó mi interés por desarrollar obras que dialoguen con el espectador y lo involucren como parte activa de la experiencia artística.

He realizado exposiciones individuales y colectivas en escenarios regionales, nacionales y he desarrollado proyectos comunitarios, talleres con niños, habitantes de calle y procesos participativos en instituciones educativas y culturales, donde el arte se convierte en vehículo de memoria, diálogo social y conciencia ambiental.

En los últimos años, he creado esculturas e instalaciones que reflexionan sobre los polinizadores, la biodiversidad y la memoria colectiva, reafirmando el arte como un medio para pensar y construir en comunidad.



Componente pedagógico